Buenas tardes a todos los presentes. Alcalde de Torre Pacheco, Pedro Ángel Roca, miembro de la Corporación Municipal, consejero de Infraestructuras y Desarrollo Territorial de la Región de Murcia, Jorge García, coronel del Regimiento de Artillería Antiaérea 73 de Cartagena, José. Ángel Úbeda, diputado de la Asamblea Regional de Murcia, exalcalde don Pedro Jiménez, don Francisco Sáez y doña Fina Marín, don José Luis de Dios, hijo adoptivo, jueza de paz Rosario Muñoz, vecino de Torre Pacheco.
Con especial cariño saludamos también a la familia y a los amigos de don Antonio Cozar Fernández, ese buen amigo que hoy es el protagonista de este día del municipio de Torre Pacheco. Esta tarde hay un hombre que nos ha llamado a reunirnos en torno a su legado, a su historia, a su nombre. Este hombre es Antonio Cozar Fernández, un esposo, un padre, un médico, un amigo.
El 15 de enero de 1940 nacía en Santiago de la Espada, provincia de Jaén, con un corazón que latía destinado a la vocación del servicio público. Médico y dentista de profesión, su propósito en este mundo no era otro que solo sanar cuerpos, sino también el corazón de quienes se encontraban en él escucha, consuelo y caridad. Hoy se reúnen aquí innumerables testimonios que así lo acreditan.
Antonio Cázar fue un humanista, un hombre que puso la dignidad de las personas en el centro de su vida. Su deseo de ayudar al otro le llevó a ser concejal y alcalde en su tierra de nacimiento, Santiago Pontones, y también concejal en su tierra de adopción, Torre Pacheco, con responsabilidades de gobierno en el área de sanidad. Su talante fue tal que su firma se estampó bajo el gobierno de hasta cuatro alcaldes de diferente signo político: don Pedro Jiménez Ruiz, don Francisco Sáez Sáez, doña Elia García Madrid y doña Fina Marino Tom.
Desde una posición centrista, calmada y generosa, hizo de la política un lugar donde cabía la esperanza, la confianza y el bien común. Y ese mismo espíritu se impregnó en nuestro pueblo, donde comenzó a ejercer en 1987 como médico de atención primaria, recibiendo multitud de homenajes que aún hoy descansan en la memoria de los pachequeros, como el de octubre de 2009. Entonces, el recién inaugurado centro de salud de Torre Pacheco Oeste recibió el nombre de don Antonio Cázar Fernández.
A causa de un cáncer de garganta fue perdiendo paulatinamente la voz, pero esa no fue excusa para que dejase de hablar, porque hablaba con actos, con sonrisas, con abrazos. En multitud de ocasiones repetía el que quizá fue el lema de su corazón. Que el amor a Dios, al prójimo y a nosotros mismos sea siempre una constante en nuestras vidas, y así vivió él constantemente, por amor al prójimo.
Tristemente falleció el pasado 17 de marzo, dejando consigo un legado que inspiró e inspirará a cuantas personas conoció, especialmente a sus hijos, quienes continuaron su trayectoria sanitaria con la vocación de servicio público que su padre les. Enseñó, con palabras y sobre todo con hechos. Tras conocer el suceso, se propuso al Pleno de la Corporación Municipal de Torre Pacheco conceder, de manera póstuma, el título de Hijo Adoptivo de Torre Pacheco a don Antonio Cózar Fernández, un rango que solo se concede a quienes.
Pasan por nuestros caminos dejando una huella imborrable. Y por la unanimidad de todos los miembros de la Corporación, así se aprobó. Ese es el medio que nos congrega aquí, no el fin, porque el fin es recordar un día más a Antonio Cózar Fernández, un hombre bueno.
Muchas gracias. Interviene a continuación don Bernardo Madín Sánchez, escritor y amigo de la familia. Tiene la palabra don Bernardo Madín Sánchez.
Es un privilegio, honor, poder expresar un sentimiento escrito para alguien cuyos abrazos y silencios proactivos eran más elocuentes que mil palabras que yo pudiera escribir. Sentimiento plasmado en este libro, del que donaré unos ejemplares al archivo de Don Antonio y Biblioteca Municipal para que podáis leerlo si así lo consideráis y que yo resumo en estos sencillos versos que lo introducen. El escrito tiene como unas cinco páginas, así es que lo resumo en estos versos para abreviarlo.
Ha llegado Antonito a Santiago y no trae media luna ni espada, luce traje de hechos con sueños y no entiende de credos o razas. Viste el pueblo de luces y halagos, todo el mundo saluda en la plaza. De Granada a Marruecos, Toledo, desde Murcia y Torre Pacheco, desde cada rincón de otros pueblos, todo el mundo ha seguido su barca.
Ha llegado hoy Antonio remando, hoy ha vuelto repleta su barca, sonriendo levanta todo el pueblo, su legado blandiendo de espada, va sembrando una estela de abrazos. Don Antonio, con el cuórum del pleno, esta sigue hoy siendo su casa. Hasta siempre, amigo.
Gracias. Eran las palabras de don Bernardo Marín Sánchez. Continuamos con el desarrollo de este acto.
Tiene a continuación la palabra doña Fina Marín Otón, exalcaldesa de Torre Pacheco, compañera de corporación y amiga personal de don Antonio Cozar Fernández. Vamos a ver si no me emociono. Valor de actoro, como diría Antonio.
Buenas tardes, alcalde, miembros de la corporación municipal, autoridades civiles y militares, amigos, vecinos y especialmente familia González Hidalgo. Hoy acontece uno de esos actos bonitos, de los que nos alegra el corazón, uno de tantos homenajes que a lo largo de su preciosa vida se le han hecho y se le seguirán haciendo a don Antonio. He tenido la suerte de asistir a varios, aquí y en su tierra natal, Santiago de la Espada, y de comprobar de primera mano cuánto se le quiere, se le respeta y se le admira.
Don Antonio fue mi médico de cabecera cuando yo era una niña y también mi dentista. Esos son los primeros recuerdos que tengo de él, desde la distancia que entonces existía entre un profesional de la salud y una niña. Pero en el año 2003, la casualidad, la vida y la política hicieron que nos convirtiéramos en compañeros y desde entonces la vida nos unió.
Como buen amante de su tierra, hacía negocios redondos, como muchas veces le decía: Antonio, eres muy rentable. Nos llevas a los pachequeros a invertir a Santiago y a los de Santiago de los Tré a trabajar a Pacheco. Digo rentable por donde lo mires.
Recuerdo nuestros primeros viajes a Santiago, muchas veces con Teodoro y Ana. Recuerdo cómo nos contaba las rutas que hacía para atender a los vecinos de las recónditas aldeas, las piedras del camino que hacían de sala de espera para que él llegara a sacar una muela, a hacer una revisión rutinaria, a dejar medicamentos. Escondidos entre las piedras o incluso a atender un parto.
Y siempre con la mejor predisposición, con esa alegría y esa calidez que le caracterizaban. Antonio tenía una bondad infinita. Yo creo que Dios lo mandó a este mundo para hacer el bien.
Qué manera de ilusionarse con todo, con todos los proyectos y, sobre todo, qué manera de conseguir que los demás nos ilusionáramos con él y trabajáramos para ellos. Recuerdo algunos, como el estudio de la obesidad infantil, la implantación de la educación emocional en las aulas, la lucha contra el sedentarismo en edad escolar. Era incansable.
Buscaba financiación debajo de las piedras y nadie podía negarse, porque no había puerta que tocara que no se abriera de par en par. Todo el mundo tenía, de una manera u otra, algo que agradecerle. Tengo tantas anécdotas y tantos recuerdos bonitos en mi corazón que podría estar aquí horas.
Recuerdo cuando mi Fran era pequeño y lo paseaba de la mano por Santiago diciendo que era su nieto y decía que no lo haría con el suyo porque los cozas y dalgo son mozos que se han hecho de rogar. Pero mira por dónde no se ha ido sin conocer a su nuera y a su nieto Adrián. Han sido tantos cafés en su sede que, para el que no lo sepa, era el Costa Blanca, el bar de la UG.
Cuando tenía que verle para algo, yo sabía que lo encontraba allí. Y elegía ese lugar por algo muy sencillo, porque allí estaba con la gente humilde, el que lo necesitaba sabía dónde encontrarlo. ¿A cuántos discursos le hemos puesto voz todos?
Araceli, Conchi, María Dolores, Juana, Toni, Daniel, Isidro. ¿Cuántos trozos de servilleta, de libreta, de panfletos, tendré todavía guardados escritos de su puño y letra por las agendas de aquellos años? La vida quiso silenciarlo, pero no pudo con él, no lo consiguió.
Su determinación fue total y absoluta. Y qué decir de su corazón rotario. Era un maestro haciendo que las muescas y el engranaje de aquella rueda no dejara nunca de rodar.
Y detrás de todo eso, Pilar, vuestro Pilar. En aquellas tardes de charla, los cuatro o los seis, Antonio, Pilar, Teodoro, Ana, Paco y yo, cuántas anécdotas, cuántas historias pintorescas nos contaba Pilar, incluso con resignación, porque contigo era imposible,. Antonio, porque eras incorregible.
¿Cuántas personas sin techo habrás llevado a tu casa para que comieran un plato de comida, pudieran asearse o simplemente pudieran dormir un rato dignamente? Tenía prejuicios cero. Y cuántas lecciones de vida nos diste a todos.
Hoy tu repacheco te adopta legalmente, Antonio. Y yo pienso en ese retrato del hijo pródigo, con su padre abrazándolo, con una mano masculina que representa lo duro de la vida y la otra femenina que representa lo dulce de la vida. Pues así quiero imaginar hoy a tu repacheco, abrazando a su hijo, que es leal, bueno, cariñoso, trabajador, humilde, honesto y también un poco granujilla.
Un hijo del que esta tierra se siente profundamente orgullosa. Tú, Antonio. Tengo claro que siempre supiste cuánto te quiero, cuánto te respeto y cuánto te admiro.
Pero hoy quiero aprovechar para darte gracias. Gracias por tu amistad, gracias porque me regalaste un segundo vuelo donde mis hijos son inmensamente felices. Gracias por una familia, la tuya y por tantos amigos.
Y gracias sobre todo por esa manera tuya de mirar la vida, como la mira un niño pequeño con unos ojos grandes, abiertos de par en par, donde solo se ve cielo, tierra, naturaleza y agua correr. A tu lado aprendí a ser mejor persona. Aprendí a respetar a todo el mundo sin importar su raza o el color de su piel.
Aprendí a entender las necesidades sentidas de mi pueblo. Y por todo eso, Antonio, hoy no solo te adopta Torre Pacheco, hoy de alguna manera también te adoptamos todos los que tuvimos la suerte de caminar un tramo de nuestra vida contigo. Gracias, amigo.
Allá donde estés, disfruta de este momento. Y nosotros siempre tendremos la suerte de poder decir: Antonio fue nuestro amigo, es nuestro amigo. Gracias.
Del salón de plenos del alcalde de Torre Pacheco, don Pedro Ángel Roca Tornel, y de doña Pilar Hidalgo, viuda de don Antonio Cozar, y de sus hijos Antonio, Carlos, Jesús y Pilar, para. Hacerle entrega del diploma de hijo adoptivo de Torre Pacheco, a título póstumo, a don Antonio Cozar Fernández. Excepto Antonio Cozar Hidalgo, que como representante de la familia nos va a dirigir unas palabras.
Estimado alcalde, distinguidas autoridades, queridos amigos, familiares y vecinos de Torre Pacheco que hoy nos acompañan. Buenas noches. Hoy quiero poner voz a mi familia, pero muy especialmente quiero ponerle voz a mi padre, Antonio Cozar, que está aquí más presente que nunca.
En nombre de mi madre y de mis hermanos, deseo expresar nuestro más profundo, sincero agradecimiento al Ayuntamiento y al pueblo de Torre Pacheco por concederle el título de hijo adoptivo. Muchas gracias por recordarlo, gracias por reconocerlo y gracias, sobre todo, por seguir queriéndolo. Don Antonio entendía la medicina como conocimiento, como responsabilidad y, por encima de todo, como humanidad.
Se guiaba por una premisa sencilla y exigente: servir. Servir sin preguntar, servir sin medir el tiempo, el esfuerzo ni el color de la piel. Servir simplemente sin esperar nada a cambio.
Su manera de ejercer la medicina era acercarse al dolor ajeno con respeto, con empatía y con una disposición incondicional para ayudar. La consulta no terminaba cuando se cerraba la puerta. Su compromiso continuaba allí donde alguien lo necesitara.
Ser médico en Pacheco no era un trabajo para él, era una forma de vida. Y junto al servicio estaba el amor, porque no se puede entregar una vida entera a los demás sin amor. Torre Pacheco fue mucho más que el lugar en el que mi padre ejerció como médico.
Fue una tierra que él siempre consideró suya. Fue su casa, fue su vida, fue su pasión y fue su pueblo. Aquí encontró una comunidad a la que cuidar, pero también una comunidad que lo acogió y que terminó haciendo lo suyo.
Con el paso de los años, aquella relación dejó de ser solamente profesional, se convirtió en afecto, en pertenencia, en una historia compartida que permanece en la memoria de muchas familias. Por eso, este reconocimiento tiene un inmenso valor para todos nosotros. No es un simple diploma, es la confirmación de que Torre Pacheco quiso tanto a él como él quiso a Torre Pacheco.
Este ayuntamiento le devuelve todo ese amor con el mayor honor que un pueblo puede dar, hacerle hijo suyo. Don Antonio ya es pachequero oficialmente. Hoy recibimos este título con emoción, con orgullo, con gratitud y también con la certeza de que mi padre habría considerado este premio como el mayor de los honores de su vida.
La muerte puede interrumpir una vida, pero nunca podrá borrar aquello que una persona dejó sembrado en los demás. Mi padre llegó a Torre Pacheco para curar. Aquí sirvió, aquí amó y aquí entregó su vida.
Y hoy lo nombráis su hijo. Esta será siempre su casa. Torre Pacheco será siempre su pueblo y Torre Pacheco será siempre nuestro pueblo.
Muchísimas gracias por todo. Tiene la palabra a continuación el alcalde presidente del Ayuntamiento de Torre Pacheco, don Pedro Ángel Roca Torné. Madre mía, cuántas emociones, ¿no?
Pilar, muchas emociones. Somos humanos, no tanto porque experimentemos emociones, sino porque somos capaces de sentirlas, de ser conscientes de ellas y de ponerlas en común con nuestros iguales. Me voy a saltar el saludo, os dais por saludados todos porque todos los intervinientes han saludado, pero sí quiero hacer un saludo especial a Pilar y a los hijos de Antonio, que son los protagonistas hoy junto con Antonio allá donde nos.
Esté viendo, que seguro que está ahí. Y con su fuerza, que tenía, que nos daba a todos. Este 17 de septiembre de 2026 celebramos que hace 190 años Torre Pacheco comenzó a escribir su historia con nombre propio, porque lograba definitivamente su libertad municipal.
Es costumbre dedicar este día a celebrar lo que nos hace auténticamente pachequeros, el amor por esta tierra, en la que nacemos o en la que nos acogen. Esta última condición fue la que disfrutó con creces un hombre bueno, en torno al cual nos reunimos hoy, Antonio Coza Fernández. Como ha dicho el concejal de Cultura, fue en el año 1987 cuando su nombre comienza a aparecer en el libro de nuestra historia local, haciendo de esta tierra no solo su destino, sino también su hogar, su casa.
Comenzaba mi intervención citando una pequeña parte de una moción que recuperaba estos días nuestra archivera municipal, Carmen María Alcaraz. Con esa moción, Antonio proponía implantar un programa de educación emocional en centros educativos como concejal de Sanidad de este ayuntamiento que fue. En esta propuesta presentada en la Navidad del 2024 defendió que el imperio de la razón...
De 2004, perdón, 2004, defendió que el imperio de la razón había fracasado. Que nos había llevado por derroteros de conflicto y necedad. En contraposición, haciendo un alegato humanista, nos invitó a ondear la bandera del corazón y así lo hizo toda su vida.
Pertenecer a esta corporación, trabajar por Torre Pacheco desde estas paredes, fue un honor que ostentó en el mandato de los cuatro alcaldes que el concejal nombraba al principio de su intervención, símbolo de su honestidad y su perpetua. Vocación de servicio público. Antonio militó en el amor al prójimo y su ideología se basó en ayudar sin otro interés más que la felicidad compartida.
Así me lo demostró siempre, porque aunque no haya sido miembro de mi gobierno, he tenido el honor de contar en mi reciente proyecto político con él y siempre con trabajo, pero escribiendo, nos animaba a todos los que estábamos en. Él. Sin embargo, mi amistad con Antonio Cózar se remonta al mismo año en que se afincó en Torre Pacheco, siendo un recién llegado, siendo yo un trabajador de una entidad financiera, concretamente Caja Murcia, y desde esa.
Posición ya podía intuir que era mucho el bien que quería hacerle a este pueblo. Le unía a mí y a mi familia una gran amistad, también con mi padre, con el que compartió la lucha contra el cáncer de garganta. Quizá cambiaron su tono de voz, pero nunca perdió el lenguaje cotidiano de lo familiar y de lo alegre.
Y es así. Los operados de garganta pierden su voz, pero nunca pierden su intensidad. Y la de Antonio os puedo decir, bueno, todos lo conocemos, qué decir, ¿no?
Que no le hacía falta hablar para demostrar lo que era. Como médico, sanaba enfermedades, acompañaba en el consuelo y despedía cuando ese era el destino. Pero como ser humano, como hombre bueno, cosía con la bondad las heridas del alma y trataba con Daba a quien encontraba en él un remedio a su mal.
Antonio, yo recuerdo alguna anécdota de él y he visto a muchas personas que él se daba por cobrado en su consulta de dentista con un toque en la cara. Le decía: ¿Qué te debo? Dice: Esto, ya está, ya has pagado.
Y se levantaba y se iba. Mucha gente le debe muchas cosas a nuestro amigo Antonio. Hoy celebramos el Día del Municipio de Torre Pacheco, la tierra que por elección o por azar hizo del nombre de Cózar una referencia a la generosidad y a la amabilidad y a la virtud en sus grados más altos.
Por esa razón y por otras miles de razones anónimas a nuestros ojos, pero imprescindibles a los de nuestra sociedad, este ayuntamiento decidió otorgar el mayor reconocimiento municipal que puede hacer a quien hizo de Torre Pacheco su. Hogar viniendo de cualquier otro rincón. Conceder a Antonio Cózar el título de hijo adoptivo que, como sabéis, ahora mismo le hemos entregado a su familia ese diploma donde queda plasmado.
Nunca nadie se cansará de decir que Antonio fue en esencia un hombre bueno. Se ha nombrado aquí muchas veces esa frase, porque la verdad debe ser proclamada siempre y que él fue un ejemplo de virtud es verdad, que todo pachequero conoce y defiende y lo siente. El apellido Cózar queda grabado eternamente en la historia de este municipio y que hoy celebra su aniversario, y que lo hace recordando a quienes día a día lo han hecho más grande, más libre y más bueno.
Muchas gracias y va por ti, Antonio. Vamos a proceder a continuación, y siguiendo con el protocolo de este acto, a firmar en el libro de honores y distinciones del Ayuntamiento de Torre Pacheco. En nombre de la familia de don Antonio Cózar, no sabemos quién va a ser el que va a firmar en este libro de honores y distinciones.
Puede acompañar al alcalde de Torre Pacheco mientras se realiza esta firma. Nos va a deleitar con su música el saxo de Alberto Mota. Nuestro más sincero y profundo agradecimiento al ayuntamiento, a la corporación municipal, al pueblo de Torre Pacheco y a todos los que han colaborado para que se haga este reconocimiento.
Gracias por honrar la memoria de nuestro padre de esa manera tan noble y hacer que el nombre de Antonio Cozar Fernández quede vinculado para siempre a la historia de Torre Pacheco. Muchas gracias. ¿Cuándo termina?
Pues el lunes, espero, el lunes eso. El ayuntamiento te quiere reconocer por el trabajo que has dedicado a tu pueblo, por lo que... Un aplauso.
Mi vida aquí en el centro casi toda una vida. Y he estado encantado. Mis compañeros lo saben, yo creo que lo paciente también, porque he tenido la suerte de trabajar en algo que me gusta y cada año que ha pasado me gustaba más lo que hacía.
Y es un pueblo que yo ya conocía este pueblo, por supuesto, tenía familia aquí incluso, y elegí venirme aquí, tenía otras opciones, pero sabía que aquí iba a estar bien, pero no tanto como he estado. Porque es verdad que la primera... Yo venía del hospital y esto era...
La primaria no se conocía. Y entonces era un poco a ver qué era esto, pero mi idea era volverme al hospital. Y poco a poco, pues gracias, siempre lo digo, gracias sobre todo a la gente que me he encontrado aquí, los compañeros que me he encontrado, que siempre he tenido la suerte de encontrarme con gente muy buena, tanto profesional como personalmente.
Y luego la población, ya no es por nada, pero es que es verdad que la población de Pacheco es muy acogedora, acoge, por eso yo creo que también influye que tenga inmigración, ya no solo a lo que se dedique aquí la mayoría de la población, que es. La agricultura, sino porque la gente es muy acogedora, en cada una de las pedanías, igual en Roldán, como en Dolores, como en Jimenado, son gente muy acogedora. Yo me siento de este pueblo, porque es verdad que cuando aquí me dicen de tu pueblo, entiendo yo, vivo en Los Dolores, entiendo que es de Los Dolores.
Y cuando en Los Dolores me dicen en tu pueblo, yo siempre entiendo que me hablan de Pacheco, ¿no? Y yo tengo la doble nacionalidad, es verdad que tengo un cariño muy especial a Pacheco. Y nada, ya qué puedo decir, que es un orgullo haber trabajado aquí y me voy, pero que siempre, cuando las cosas te marcan en la vida, todos sabemos que las cosas que te marcan, esas se te quedan en el corazón y son inolvidables.
Y yo llevo esto en el corazón porque ha sido para mí una parte muy importante de mi vida, quizás las que más. Las cosas más importantes de mi vida me han pasado aquí. Aquí me casé, aquí nacieron mis hijos, aquí todo lo que ha pasado en mi vida estaba ya aquí y me he sentido siempre arropado, tanto por esto como tanto por los compañeros como por la gente.
¿Qué puedo decir, gracias. Soy un hombre agradecido, hoy más que nunca, porque es verdad que después miran para atrás y me siento muy bien, me siento muy satisfecho y muy agradecido de lo que ha pasado. Hombre, eso, Teo, tú sabes que eso es parte de la coordinación de Pacheco, ahí está Ana, y eso seguimos, y ya se lo dije a tu compañera Micaela, ¿no?, que contara que los martes, además, ya estoy en unas cuantas actividades y que me dicen: Ya sabes.
Que los martes... No, no, los martes por la mañana lo tengo ocupado, para no equivocarnos, que un martes sin otro, pero venimos todos. Sí, también es una labor importante.
Ahora que está aquí también del SAS, nos dieron un premio este año por la labor que hemos estado, pues, treinta años haciendo el programa de radio. Y eso también es labor de Radio Torre Pacheco, que cualquier cosa, cada vez que hemos llamado para algo, pues ellos han estado dispuestos. Ellos no han llamado a nosotros y nosotros a vosotros, cada vez que hemos necesitado algo.
Empezamos así, porque hay una campaña de vacunación de gripe que empezamos ya seguramente la semana que viene, y fue la primera vez que tuvimos contacto, ¿no? Empezaron los consejos de salud, que empezaron por los años noventa, y ahí estaba Radio Torre Pacheco, y ya empezamos, pues poco a poco, pues el primer programa fue para incentivar la vacunación de la gripe. Nos encontramos aquí en el Centro de Salud Oeste, Antonio Cozar, que además anoche le entregábamos a la familia de Antonio la placa como hijo adoptivo de Torre Pacheco.
Y nos encontramos aquí, pues bueno, para, no para despedir, no es la palabra adecuada, sino para reconocer la labor de cerca de 40 años que uno de los profesionales de la sanidad ha dedicado a este pueblo, a Torre Pacheco. Aquí el amigo Ángel, Ángel Teruel, que ha dedicado durante 40 años y ha conocido la evolución de este pueblo desde la sanidad, que es por donde pasamos todos al final, más tarde o más temprano, siempre pasamos los ciudadanos por la parte de la sanidad. Cuando él llegó a Torre Pacheco nada más que había un centro de salud, ahora tenemos dos, pero antes no había nada más que un centro de salud.
El hospitalillo. El hospitalillo, ¿no? Entonces yo me acuerdo perfectamente cuando llegó, yo entonces tenía mi vida profesional en otro sitio, concretamente en Caja Murcia, donde al final Caja Murcia en aquella época era la colaboradora en todo en los pueblos, ¿no?
Y entonces, pues al final tenía relación con todos los profesionales de todos los sectores. Y en este caso igual con los profesionales que entonces en aquella época empezaba, realmente casi empezó el centro de salud a funcionar así, ¿no? Es decir, con profesionales como tú, como Pedro, como Pedro Ureña, como Juan Pereñigue, que estuvo aquí también muchos años.
Es decir, al final creo que es un trabajo dedicado a la ciudadanía y eso es de agradecer, ¿no? El trabajo sanitario creo que es uno de los importantes que la ciudadanía tenemos que percibir que estáis dedicados a nosotros, ¿no? Y yo creo que eso es una labor encomiable, yo creo que es una labor, es uno de los trabajos que tiene que gustar.
Yo digo siempre lo mismo, los trabajos no es que gusten, sino tienes que hacer que te gusten. Habrá gente que se mete en un trabajo, sea o que estudia una formación para hacer un trabajo y no te gusta. Te gusta, pero al final lo tienes que hacer que te guste.
Pues si vienes 40 años a trabajar y vienes sin que te guste, mal lo llevamos, ¿no? Entonces yo creo que al final es una labor muy bonita la del trabajo del sanitario, ¿no? Es decir, en todo su ámbito y en todo su rango, ¿no?
Y por parte del ayuntamiento, pues agradecerte, esto un pequeño detalle solamente, Ángel, y agradecerte esos cerca de 40 años que has dedicado a este pueblo y que sé que vas a estar vinculado y vas a seguir vinculado, ¿no? Porque al final cuando uno trabaja parte de tu vida en un pueblo, al final te conviertes en ciudadano de ese pueblo, ¿no? Es decir, hayas nacido aquí o no hayas nacido o vivas aquí o no vivas, pero es que has estado viviendo 40 años aquí.
Es decir, al final has dedicado casi la mayor parte de tu vida a este pueblo y eso es de agradecer por parte mía como alcalde, mía personal, porque te conozco muchos años, y en nombre de todos los ciudadanos de Torre Pacheco. Así que muchas gracias.